Habitando el Pacífico

Coquí es un corregimiento que se encuentra ubicado en el Pacífico Colombiano. En este lugar se puede sentir la generosidad de la vida a través de la selva, el río y el manglar, ese vientre fértil en el que todo lo posible se fecunda y del que se alimenta el vasto mar. La geografía de la región Pacífica es difícil de transitar, es como si el destino de esas tierras fuera el de no ser habitadas por la humanidad. Así mismo, es la muestra de que todo lo probable es posible. En este paraje que tiene de trasfondo la Serranía del baudó  los seres son fuertes y se mueven por una chispa vital. Se siente la resonancia del existir no sólo en este espacio físico sino en un universo más amplio y diverso que su mismo mar.

La humedad de la tierra genera una sensación particular en el cuerpo y esa sensación esta acompañada por un cielo brumoso, nublado, que no permite ver más allá. El cielo es un espacio melancólico y absoluto en el que se percibe la fuerza del mundo. La niebla es el presagio de la lluvia que viene acompañada de los truenos, ondas de choque que con gran cantidad de calor llegan para mezclarse con el aire frío; es la analogía del cuerpo mismo que busca sus balances entre todos sus humores, es la lucha misma de encontrarse.

Las plantas de Coquí son la fuente de vida, permiten la subsistencia de los que allí habitan, pues brindan desde sus ecosistemas de selvas, manglares y zonas costeras la posibilidad de curar el cuerpo y generar bienestar desde la eliminación de los excesos. La cura del cuerpo con plantas medicinales es un conocimiento que llegó con los primeros pobladores del corregimiento. Doña Eva Bonilla, mujer de 82 años, cuenta que no se puede habitar una tierra sin cultivarla. La tierra provee todo lo que el ser humano necesita. Cada casa tiene una huerta asociada y es denominada azotea. Hay tantos recipientes como distintos tipos de plantas, la recursividad lo es todo. En estos patios se crean pequeños mundos que albergan plantas alimenticias, aromáticas y mágico-religiosas.

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En la azotea las plantas siempre están dispuestas con tanto cuidado, que es imposible no sentir la pureza del alimento en el paladar. Todo es fresco y nutritivo. Ellas crecen entre los arrullos de las mujeres que en luna menguante siembran semillas en tierra hormiga[1] traída del monte, tierra natural[2] y tierra hojarasca[3]. Los ojos que plantan, luego ven crecer raíces, las manos las recolectan para que en fogones hagan parte de guisos, sopas, tomas y hervores.

El sistema médico de los que habitan Coquí, es el reflejo de la relación de los pobladores con su territorio. Esta amplia geografía esta pensada a partir de zonas térmicas que al igual que los órganos del cuerpo responden a lo caliente, lo tibio, lo fresco y lo frío. Para que el cuerpo esté sano, las temperaturas deben estar en balance, en el cuerpo humano la sangre y la esperma son conductoras de energía que se asocian con lo caliente así como también el corazón y el cerebro, mientras que otros órganos como el útero y los pulmones, se asocian con lo frío. Las temperaturas se manifiestan en energías perfectas pero al mismo tiempo volubles y cambiantes. Son resonancias de un sistema inmenso terriblemente bello.

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La enfermedad o desbalance en el ser humano se hace perceptible a través de los cambios de los humores. La bilis, el cólera, la orina, el sudor, la saliva, el semen y la sangre, son alertas que demuestran que hay trastornos. Los cambios pueden ser sutiles en el color, olor y viscosidad de los flujos. Estas alteraciones se pueden agravar o depurar debido a la influencia de la naturaleza; es más grande y fuerte que el ser humano, su poder es total.

La relación de los cuerpos de las mujeres con el entorno es muy particular. Los espacios de esta geografía tienen una conexión íntima que permiten o niegan la posibilidad de fecundar, que enferman o mejoran en el ciclo menstrual. La selva y los lugares húmedos como el manglar, el rio y el mar son los que despiertan la sensibilidad femenina. Las corrientes de agua depuran y limpian. Son poderosas. Pueden causar pasmos[4], enfriar los embarazos e incrementar los cólicos. Hay actividades como la pesca, el despiangüe[5] y los baños en los ríos que pueden enfermar.

La recolección de tierra hormiga, frutos y fibras para hacer tejidos en la selva también son de cuidado para la mujer. La selva es tremenda, su dominio es inimaginable porque en la selva todo crece, es vasta, hogar de todo lo vivo. Los seres que circulan por ahí pueden influenciar para mal o para bien el cuerpo. Todo allí es virgen, poderoso y húmedo.

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Para curar a la mujer hay diversos bebedizos, estos generalmente están hechos con plantas calientes las cuales tienen facultades antisépticas, como el clavo, la canela, el jengibre, la pimienta, la uchuna, el anís, la albahaca negra, la concha de guayaba, la pegapega y la miel de panela. Estas se pueden mezclar con una bebida alcohólica, destilada artesanalmente denominada viche[6] dependiendo de la enfermedad. Las tomas de estos bebedizos se asocian con algunos rituales de baño y están influenciados por la luna, la energía del día y la noche.

En la mayoría de las casas se encuentran sembradas las plantas necesarias para curar a toda la familia. Hay descansé chiquito y grande que sirve para la desinflamación y para el cuidado de los niños, santa maría boa para el dolor de cabeza, el limoncillo y la limonaria para limpiar el estómago, la escubidilla para la compostura[7], la esbaratadora y pegapega para sobar, el llantén para la gastritis. Hay otras plantas más poderosas que no deben ser vistas ni tocadas por desconocidos, porque la energía de esos cuerpos pueden hacerlas perder su poder curativo.

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Además del poder de la naturaleza y sus plantas, existen energías de espíritus y humanos muy fuertes que rápidamente pueden enfermar, generar malestar y tristeza. Los niños que poseen más pureza, son altamente influenciables y a quienes les da con facilidad el mal de ojo. Este malestar solo puede ser curado por un rezo de una persona que tenga la facultad de comprender y transitar entre los distintos planos del universo.

En la ruta del manglar, se encuentra el cementerio, lugar sagrado en el que reposan los ancestros. Este es un espacio que contiene una carga energética muy fuerte. En este lugar están enterrados no sólo cuerpos, sino todas las experiencias, anhelos y sueños de muchos que ya no habitan este espacio y de otros que aún se encuentran apegados a ese suelo, al mangle y al mar. La noche es cuando este espacio representa mayor poder energético y es capaz de enfermar a un niño, causarle tristeza y miedo a los hombres y producir en las mujeres embarazadas dolores, un mal parto y el desamor.

En el Pacífico colombiano, cohabitan todas las fuerzas y estas son tenidas en cuenta en la cotidianidad. Allí se cree en el poder del espíritu y la naturaleza para curar y para prevenir el mal, hay muchas posibilidades de enfermar, pero la mente tiene un vigor sobrenatural que logra blindar el cuerpo, que logra prevenir el mal porque donde hay fortaleza y buenos pensamientos, nada malo puede habitar.

A mis amigos de Coquí.

Fotografías por: Juan Felipe Ríos  https://www.behance.net/gallery/61195125/Coqui-Choco-2017

Bibliografia

Bonilla Caceres, E. (2017, Junio 25). Plantas medicinales de Coquí. Plantas medicinales de Coquí. (A. Salamanca Osorio, Interviewer) Salamanca Osorio, Alejandra. Coquí.

Quinlan, M. B., & Quinlan, R. J. (2007). Modernization and Medicinal Plant Knowledge in a Caribbean Horticultural Village. Medical Anthropology Quarterly , 21, 169-192.

Harris, S., & Hsu, E. (2010). Plants, Health and Healing: On the Interface of Ethnobotany and Medical Anthropology. Retrieved junio 30, 2017, from Jstor: http://www.jstor.org/stable/j.ctt9qd57k

Matapí Yucuna, U., Santacruz, I. M., Pérez Salinas, M., García Moreno, C., Rodríguez Gómez, R., & Martínez, G. Plantas y territorio en los sistemas tradicionales de salud en Colombia (Vol. 2013). (C. A. Vásquez Londoño, & S. Restrepo Calle, Eds.) Bogotá, Bogotá D.C, Colombia: Instituto Humboldt Colombia.

Savia Colección. (2015). Inventario botánico colombiano: Savia Pacífico . (A. M. Cano, & H. Rincón, Eds.) Medellín, Antioquia, Colombia: Grupo Argos.

Zuluaga, G. (2000). PLANTAS MEDICINALES: ECOLOGÍA Y ECONOMÍA. (U. d. Rosario, Ed.) Bogotá: Universidad del Rosario.

[1] Tierra abonada por las hormigas.

[2] Tierra sin abono.

[3] Tierra que contiene los nutrientes de las hojas.

[4] Calambre o dolor, en ocasiones puede impedir la respiración y el habla.

[5] Actividad asociada a la recolección de la piangüa (bivalvo) en el manglar.

[6] Bebida artesanal derivada del jugo de la caña de azúcar.

[7] Para sanar una fractura o el dolor de un hueso.

6 thoughts on “Habitando el Pacífico

  1. Excelente descripción de la vida y las costumbres en el Pacífico. Me impresiona la capacidad de mezclar la mirada antropológica impregnada de poesía. Felicitaciones

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  2. Es hermoso leer un texto cuyo rigor y sensibilidad muestran la importancia de emancipar este tipo de conocimiento si que esto implique cercenar el discurso hacia lo puramente formal. Da placer imaginar lo que se lee a la vez que se piensa sobre lo que se lee.

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