En búsqueda de legitimidad: discursos al margen de la cocina patrimonial

Para nadie es un secreto que la alimentación es el elemento fundamental para nuestra existencia. A lo largo de la historia las creaciones culinarias han sido respuestas a calmar el hambre, a sobrevivir en épocas de escasez, de guerra y de colonización. Pero en el siglo XXI al parecer, la alimentación se ha convertido en un elemento de: placer, posición social y mercado. Hemos creado a partir del acto más básico y fundamental del ser humano un espacio que mueve montones de dinero y que se muestra casi de manera pornográfica en la TV, la radio, los avisos, las vitrinas y los restaurantes.

En esta coyuntura en donde la comida dejo de ser lejos una simple forma de saciar nuestros estómagos, se ha generado una industria encaminada a todas las esferas que la cocina pueda abarcar, y una de estas esferas es sin lugar a duda la cocina “patrimonial”. Esta además de tener un carácter que se puede entender por la población como “ políticamente correcto”, dadas las implicaciones de “rescate y salvaguardia” de los saberes tradicionales, se ha promovido incansablemente por el Ministerio de Cultura durante los últimos años a partir de diversas políticas de protección de la cultura inmaterial, de la cual hace parte la comida .

Las políticas de salvaguardia nacen bajo la idea de proteger y promover los conocimientos ancestrales mediante la ampliación del consumo cultural. Por otro lado, pretenden impulsar un mercado que sea más apetecido tanto por los locales como por los extranjeros con el fin de fortalecer la economía del país:

“En lo que respecta las a las motivaciones culturales es importante tener en cuenta la importancia de la comida de un país. Según Mannel 2014, la alimentación fue desde siempre un elemento clave de la cultura de cada sociedad y cada vez más los visitantes ven en la gastronomía la posibilidad de conocer mejor la cultura de un lugar” (Oliveira, 2006, pág. 263).

Aunque se ha desarrollado un esfuerzo por parte del Ministerio de Cultura de conceptualizar a partir de marcos normativos el patrimonio inmaterial y cultural del país, no se ha creado espacios para debatir lo qué se considera patrimonio y las implicaciones de poder que esta categoría posee. Así mismo, no hay una coordinación entre los organismos que deben gestionar el patrimonio cultural. Este vacío abre un espacio grande en el que sólo ciertas esferas pueden utilizar los conocimientos tradicionales e incluirlos en un mercado(Chavez, 2010).  Solo unos cuentan con los permisos necesarios de producción y medios de comercialización efectivos que permiten la distribución de los saberes patrimonializados.

Uno de los espacios en los que se hace más tangible esta problemática es en la cocina colombiana (Arocha, 2007). Distintos cocineros profesionales acogen los saberes tradicionales y los incorporan a las denominadas: cocina fusión, patrimonial, tradicional y local, lo cual ha creado un mercado atractivo y productivo.“Quienes perciben los mayores beneficios no son sus creadores sino quienes tienen la capacidad de transformarlos y ponerlos a circular en otros circuitos económicos y simbólicos” (Chavez, 2010). Frente a esta problemática tanto los cocineros tradicionales, los cocineros profesionales y la academia entran en debate y construyen desde su perspectiva un discurso particular.

Para algunas de las cocineras tradicionales, la terminología que gira alrededor de lo patrimonial es completamente desconocida. Para ellas “salvaguardia”, “protección” y “recuperación” son palabras paradójicamente ajenas a su quehacer.

“Yo de eso no entiendo niña, pero sí le puedo decir que mis platos son saludables ¡Eso sí! No tienen conservantes ni ingredientes raros, solo lo que se come normalmente aquí (…) Yo trato de cocinar así, natural y venderle a la gente el gusto de aquí” (Rodriguez, 2014).

Es notorio que aunque desde el Estado se impulsen políticas para la protección de la cocina tradicional, el lenguaje y los mecanismos mediante los cuales se proporciona la información son completamente inasequibles para las personas que no están familiarizadas con la escolaridad, la academia y la profesionalización. Aunque las políticas de patrimonio pretendan proteger sus conocimientos, quienes pueden hacerlo son terceros que comprenden el lenguaje particular de lo patrimonial y quienes tienen la capacidad económica para comercializar los alimentos fuera de un espacio ilegal.

“ Discúlpame pero no sé nada de eso, por eso no me gustan las entrevistas, porque uno no entiende nada de lo que ustedes le preguntan a uno y queda uno como un bobo, no en verdad… – Entonces dígame en otras palabras ¿ Por qué es usted una cocinera tradicional? – Bueno, ahí si más o menos le entiendo, eehh…, a mí me gusta cocinar pero a mi manera, nada de que receta pa ‘quí’ y pa ‘allá’ (…) yo tengo mis truquitos para cocinar, pero los aprendí de mi mamá y ella de mi abuela, entonces, dígame, si no es esa entonces ¿Cuál es la cocina tradicional?” (Angulo, 2014).

Por otro lado, las personas que han realizado estudios entorno a la cocina hablan de la necesidad de explorar las preparaciones tradicionales con el fin de generar nuevos platos. Descomponer el platillo a una minúscula porción con todo el sabor, mezclar diversas influencias y generar nuevas texturas para sorprender al comensal, son algunos de los intereses de los cocineros profesionales de la cocina colombiana.

“la cocina misma es patrimonio, no hace parte del patrimonio, es patrimonio. Digamos que lo interesante no es simplemente ver cuáles son los platos tradicionales o cuáles no. Los métodos con los que cocinan las personas en sus casas, es lo importante. Recuperar la forma en la que se preparan los alimentos e involucrarlos a las preparaciones de la cocina” (Acosta, 2014).

A partir de esto, es interesante observar cómo los términos asociados a la cocina patrimonial se manejan a la perfección y cómo hay un discurso elaborado que gira alrededor de la incorporación de saberes tradicionales que no podemos ver en los cocineros empíricos. Sin duda alguna las estrategias que se impulsan desde el Estado en cuanto estos temas deben manejarse de una forma más cuidadosa, se deben planear modelos en los que se debata la posición de los agentes que se encuentran involucrados en la patrimonialización. Si no se hace este esfuerzo, las políticas de salvaguardia solo van a “empoderar” a los expertos con sus saberes e instituciones.

“Es necesario estudiar las formas de apropiación que se hacen en este tema.  la cocina  tradicional no se rescata. No se debe crear en ese espacio otro colonialismo. Por lo menos se necesita entablar un diálogo entre los cocineros empíricos y los profesionales, para que exista un común acuerdo en los beneficios que traen esas políticas y leyes para ambas partes” (Forero, 2014).

A manera de conclusión es necesario buscar espacios de reflexión sobre estos temas. Específicamente hablando de un elemento como la comida patrimonial que está tomando cada vez más relevancia en diversos círculos que se instauran con la idea de consumir comida local. Esto, en contraposición de las tendencias de años pasados, donde la comida elaborada por los cocineros profesionales de talante internacional era las más apetecida.

Bibliografia

Acosta, L. F. (15 de Noviembre de 2014). Cocina Patrimonial. (A. Salamanca, Entrevistador)
Angulo, C. R. (04 de Agosto de 2014). Con hambre de pacífico . (A. Salamanca, Entrevistador)
Arocha, J. (2007). Encocaos con papa ¿ Otro etnoboom usurpador? Revista colombiana de Antropología, 91-117.
Chavez, M. (2010). Mercado, consumo y patrimonialización cultural. Resvista colombiana de Antropología, 8-26.
Forero, J. f. (19 de noviembre de 2014). Cocina patrimonial. (A. Salamanca, Entrevistador)
Oliveira, S. (2006). La importancia de la gastronomía en el turismo. Estudios y perspectivas en turismo, 261-282.
Rodriguez, M. (15 de octubre de 2014). Entrevista plaza Paloquemao. (A. Salamanca, Entrevistador)

¿Qué pasa con la alimentación en Colombia?

El problema que ha surgido con la alimentación y la necesidad de crear organismos que promuevan el rescate de las tradiciones culinarias en Colombia, se nutre de diversos factores. Desde el último siglo se ha generado un crecimiento poblacional acelerado que ha producido diversos impactos en la forma como nos relacionamos con los recursos que tenemos. Globalmente se ha modificado la forma en la que asumimos y entendemos la naturaleza, la producción y el consumo de los alimentos.

Este cambio se ha establecido a partir de fuerzas políticas y sociales que, en el caso de muchos países está relacionado con procesos de desarrollo, libre mercado, progreso y crecimiento económico . El caso de Colombia no se encuentra alejado de esta realidad, puesto que las políticas nacionales se encuentran encaminadas a buscar el desarrollo a partir de las propuestas promovidas por las potencias mundiales que pretenden impulsar proyectos que en teoría  incrementarán el empleo, la remuneración y  la seguridad social,  como es el caso del TLC  en  Colombia.  Estas políticas son impulsadas por el Estado a partir del uso del sector agrícola,con el fin de generar una propuesta agrícola en donde se eliminen los pequeños productores y se incrementen los grandes productores que pueden competir en términos de precios y de producción con multinacionales globales, a partir de la incrementación de monocultivos industrializados .

Desde otra perspectiva, las implicaciones socio económicas de este tipo de propuestas afecta directamente la forma en la que los colombianos entendemos el cultivo de alimentos, la selección de estos mismos, la comercialización, la preparación de la comida y los rituales que se construyen en el consumo. frente a este panorama, la política pública y el Estado se posicionan desde una lógica ambigua dado que el Estado por una parte pretende alentar el crecimiento y la explotación de la tierra a partir de las posturas estipuladas por países con alto índice de desarrollo que implican una extracción desmedida de alimentos, el uso indiscriminado de tierras y el posicionamiento de nuevas esferas comerciales en las que se privilegia las industrias extranjeras que promueven consigo la importación de alimentos a bajo costo y la puesta en escena de espacios gastronómicos que resultan más económicos para los colombianos, que  irrumpen  con diversos patrones alimenticios locales y genera nuevas lógicas a la hora de la alimentación.

En el caso de las mujeres rurales, las nuevas implicaciones de cultivo y extracción han generado un cambio en la forma en la que las mujeres acuden a estrategias para salvaguardar las prácticas de seguridad alimentaria: ” La cotidianidad de las mujeres rurales, evidencian las múltiples estrategias de subsistencia para garantizar el bienestar familiar, bajo condiciones de pobreza y abandono gubernamental” (Jaramillo Guerra , 2011).

Por otro lado, organismos del Estado como el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Turismo y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural pretenden generar proyectos para la salvaguardia de las prácticas alimentarias tradicionales de Colombia como parte de la protección del patrimonio inmaterial de la Nación. Dentro de un marco legal se han presentado diversos avances en este tema: En 1997 la Ley 397, Ley de Cultura dice: “propende por la valoración, protección y difusión del patrimonio y resalta la importancia de articular el desarrollo económico con el desarrollo cultural” . Posteriormente en el año 2009 se crea el Decreto 2941, Patrimonio Cultural inmaterial, en el cual se involucran las cocinas tradicionales como patrimonio cultural: “son el resultado de un largo proceso histórico y colectivo, cuyo saber se transmite de generación en generación” .

Esta ambigüedad genera diversos espacios en los que las cocinas tradicionales y los nuevos patrones alimenticios convergen para generar nuevas prácticas de alimentación. siguiendo a Camacho (2008), es necesario tener en cuenta que, si bien el plato de comida se presenta como homogéneo, los rituales y actos de producción asociados a ellos son el producto de relaciones económicas, históricas y productivas muy particulares sin importar si se trata de un corrientazo o un plato de comida internacional.

Frente a esto, se han generado diversos movimientos que giran en torno a la alimentación,  que buscan encontrar espacios en los que puedan consumir productos que se encuentran alejados de las grandes multinacionales y expresar desde su alimentación una postura política y social. Lo cual genera un espacio en el que la protección y fomento de las preparaciones tradicionales se vuelve un mercado al cual aspiran acceder personas con un capital económico alto, que desde la ciudad demandan la promoción de las preparaciones típicas colombianas y al conocimiento de otros platos locales, que son alabados por ese selecto sector.

Este nuevo mercado se instaura a partir de la visión de personas con un capital económico alto, que están asociada al consumo de preparaciones globales como el sushi, la comida hindú y árabe, entre otros. Y que dentro de su capital cultural, pretende acudir a preparaciones que sean desconocidas y exóticas, pero que sean preparadas en su país, para así contribuir a la protección de los saberes tradicionales. Ya que personas de estratos 1, 2, 3 no pueden pagar el alto costo de productos y platos que se venden con la idea de lo orgánico, tradicional y amigable con el medio ambiente.

Si bien es notable que es necesario generar espacios alternos a las grandes marcas nacionales e internacionales de comidas rápidas, es necesario que estos espacios sean asequibles para un mayor número de personas. Donde no se cree una elitización de una propuesta alimentaria que en teoría se quiere instaurar en torno a las problemáticas agrarias, territoriales, alimentarias y políticas; a través del trabajo conjunto con los pequeños productores, con los consumidores al preparar platos con productos locales y al informar al consumidor sobre la proveniencia de los alimentos y de la historia de las preparaciones.

Aunque hay diversos cuestionamientos entorno a cómo se construye y se vende la cocina tradicional, es necesario estudiar y comprender cómo la alimentación está inserta en estas lógicas y cómo los proyectos de recuperación e integración de la cocina afectan a las comunidades, particularmente a aquellas que  no cumplen con ciertos requisitos como: salubridad y pago de impuestos. Aquella alimentación, que  se construye de manera tradicional y empírica.

En este momento histórico en el que se está produciendo diversos cambios en la forma en la que las personas conciben la alimentación y sobre diversas esferas en las que la alimentación se convierte en revolución y en política, debemos ser muy críticos frente a diversos panoramas que se nos presentan como la salvación a estas problemáticas. Desde la antropología de la alimentación se puede explorar un campo muy amplio  en nuestro país. En el cual se juega no solo las divisiones entre lo que es o no es identitario y por ende patrimonial, sino también a través de las relaciones de poder que se instauran alrededor de este proceso donde son intermediarios los mercados, la política pública y las empresas privadas.

Referencias bibliográficas:

Alcaldia de Bogotá. (7 de 08 de 1997). alcaldia de bogota. Recuperado el 26 de 09 de 2014, de http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=337.

Camacho, J. (2008). Historias de la comida y la comida en la Historia . Revista de Estudios Sociales , 11-15.

De Haro Honrrubia, A. (2012). Antropología del conflicto: Reflexiones sobre el nuevo orden global . Convergencia,revista de ciencias sociales , 177-204.

Garay Salamanca, J. (2005). La agricultura colombiana frente al tratado de libre comercio con Estados Unidos. Bogotá: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

Jaramillo Guerra, C. S. (2011). seguridad alimentaria y mujer rural en el contexto del Libre Comercio. Recuperado el 30 de 09 de 2014, de congreso nacional de sociologia : http://www.icesi.edu.co/congreso_sociologia/images/ponencias/20-Jaramillo-Seguridad%20alimentaria%20y%20mujer%20rural%20en%20el%20contexto%20del%20libre%20comercio.pdf

Ministerio de cultura Dirección de patrimonio . (2012). Política para el conocimiento , salvaguardia y fomento de la alimentación y de las cocinas tradicionales en Colombia . Bogotá.